C. A partir del planteamiento que se hace, en el
fragmento de la película, redacta un cuento de no más de dos cuartillas de
extensión.
La
prueba
Espartaco
Rosales
Abro la mochila y
reviso que esté lo que necesito: lápiz, calculadora, goma, plumones de colores.
El profesor nos ha pedido que no olvidemos nada porque, si lo hacemos, no nos
dejará hacer la prueba y, entonces, no tendremos la posibilidad de elegir qué
estudiar y, en consecuencia, tampoco seremos capaces de construir nuestro
futuro. Sus palabras fueron duras:
─No lo vean como un juego porque no lo es. Están ante su
futuro.
Me dio miedo y, otra vez, esa dificultad de respirar que
me agobia cada mañana. Los demás, los chicos y chicas que forman parte de los
grupos del salón no parecieron tomarlo así. Aunque no lo sé, porque no me
comunico mucho con ellos. Los nerds
probablemente fueron a discutir sobre otras cosas, sin importarles tanto lo que
ocurrirá mañana. Los que siempre piensan en su apariencia y no les importa el
estudio, saben que en realidad su vida no depende de eso, pues siempre habrá
alguien que los auxilie. Los rebeldes no quieren estar allí. Para ellos el
futuro es algo nebuloso, que tal vez ni existe. Y estoy yo, que no sé lo que
quiero, que me siento extraño de estar aquí, que no quiero hacer la prueba
porque no quiero que ahora, en este momento que vivo, cuando aún soy muy joven,
se determine mi destino, mi futuro, quién seré o a dónde iré.
Tomo la mochila y me marcho. En el camino a la escuela se
ve a los grupos de chicos y chicas. Van con sus uniformes y sus máscaras. Ahora
no sé decir si están o no preocupados. No puedo saberlo y no les preguntaré
porque no quiero acercarme. No quiero ser yo quien rompa ese único espacio en
donde ahora me siento bien, ese silencio aparente que, en realidad, me permite
entenderme.
La puerta del salón está cerrada. Todos sabemos que el
profesor está adentro y que tiene la prueba. Nos formamos sin que nadie nos lo
indique. Estamos condicionados y sabemos lo que tenemos qué hacer. A las ocho
suena la campana. La puerta se abre. Todos van al asiento asignado, al que han
ocupado durante tres años. Yo me detengo. No puedo explicarlo, pero en ese
justo momento sé que mi sitio no está en la fila ni en ese asiento ni en esa
escuela. Salgo de allí y corro. Mientras lo hago ya no me asfixio. Respiro por
primera vez y me siento libre. El viento da en mi rostro y comprendo que
empiezo a trazar mi futuro, justo en ese momento en que estoy capturando mi
presente.
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